lunes, 8 de diciembre de 2014

Yo soy un Lobo.

Era tiempo de cosecha en una aldea lejana, llegan a ella obreros de toda la comarca, trayendo consigo el espíritu del trabajo.
En ese poblado hay una granja llena de animales en la que se distingue un lobo, que cansado de vagar por esta vida, teniendo que matar para vivir decide convertirse en un ser herbívoro, compartiendo el lugar con los animales de la granja, y alimentándose con pastos de los campos.
Es el lobo más viejo que pisó la tierra, ahora convertido en un simple cuadrúpedo herbívoro, vive en esa granja junto a ovejas, caballos, cabras y con aves de corral, con los trabajadores y los dueños del lugar.
He aquí que todos se burlaban del viejo lobo que camina con paso cansado. Su pelaje canoso y desecho de tantas batallas, sus ojos semi cerrados le dan un aspecto triste, en su hocico se reflejan heridas de crueles batallas.
El caballo proyecta su mirada desde lo alto de sus ojos, humillándolo, dado que su especie es voraz y ahora come pasto como él. También las ovejas se burlan, saltando con destreza a su alrededor… porque come pasto, la cabra no pierde oportunidad de empujarlo con sus cuernos mientras el descansa, hasta su dueño, un viejo gordo y sudado se vanagloria de tener un lobo herbívoro. Él vive sus últimos días soportando todo ese desprecio, por no querer tener una vida violenta.
Cierto día, la casa se viste de fiesta, entre música y vino se celebró el final de la cosecha. El viejo animal es objeto de burlas, le ponían carne en el hocico, le tiraban vino en los ojos, riendo y golpeándolo , cansado, acosado, maltratado volvió al corral, su lugar, al llegar escuchó las risas de las aves que allí se encontraban.
Al amanecer del otro día, el gallo no cantó, una extraña sensación sacudió el lugar. A medida que el sol despuntaba, una visión estremecía el paisaje. La pradera estaba vestida de rojo, todo era silencio, ya no se escuchaba la charla de la gente ni el murmullo de los animales. Apenas el vuelo de algún carancho que destrozaba los cuerpos tirados en los campos, todos muertos.
Solo una figura se dejaba ver a través de la niebla del amanecer, erguido y orgulloso pisoteando cuerpos caminaba el lobo relamiendo sangre sin mirar atrás.
Se alejó del lugar, pensado: - Yo solo buscaba tranquilidad. Y esta reflexión salió de su boca.- Al fin y al cabo yo soy un lobo…


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