Domingos de mi infancia: recuerdos gratos ¿Cómo y en qué momento, este
sentimiento me atravesó la piel y se metió en mi alma?
Cierro los ojos y recuerdo el barrio de mi infancia, el cerco de madreselvas que bordeaba toda la casa, la parra, las glicinas, la quinta, el limonero, “los fideos del domingo”, aromas inolvidables, cierro los ojos y escucho la radio del vecino trasmitiendo las carreras de auto a todo lo que da, del otro lado Doña Luisa la vecina escuchando a Antonio Tormo, y así en todas las casas del barrio.
Cuando el alboroto del mediodía pasaba, el olorcito a pasteles o buñuelos arrasaba, tarde de frio otoño que acariciaban, nuevamente la radio se hacía presente con los partidos de fútbol, Boca, River, San Lorenzo, partidos de rompe y raja como decía mi papá; Cuando todo esto terminaba llegaba lo mejor, el club del barrio pasaba música a pesar de mi corta edad escuchaba las letras de los tangos, quería aprenderlos, el primero que aprendí fue uno que decía:
“Tomá estas monedas, no pago con ellas las horas de amor”.
¡Qué letras! ¡Qué poemas!, cuanto dolor, rencor, resentimiento expresado en esos versos, algo en mí se movilizaba, con el tiempo supe que la orquesta era de Juan D’arienzo y letra de Carlos Bahr y lo cantaba Alberto Echague ¡Incomparable!.
El destino quiso que me casara con un tanguero, nos pasábamos horas adivinando letras, orquestas, autores.
Y así fue pasando la vida, cuando fuimos grandes, la radio ya no estaba, ni los partidos, pero sí en la sobremesa dominguera con los primos cantábamos tango, cada uno tenía su caballito de batalla, el mío siempre fue “De mi barrio”, uno de mis primos nos acompañaba con la guitarra, ¡Qué tiempos! ¿Será cierto que todo tiempo pasado fué mejor? No sé, solo sé que ese sentimiento quedó grabado en mí para toda la vida.
Tango, gotán ¡Identidad de un país!
Nilda Torrico (Nyl)
Cierro los ojos y recuerdo el barrio de mi infancia, el cerco de madreselvas que bordeaba toda la casa, la parra, las glicinas, la quinta, el limonero, “los fideos del domingo”, aromas inolvidables, cierro los ojos y escucho la radio del vecino trasmitiendo las carreras de auto a todo lo que da, del otro lado Doña Luisa la vecina escuchando a Antonio Tormo, y así en todas las casas del barrio.
Cuando el alboroto del mediodía pasaba, el olorcito a pasteles o buñuelos arrasaba, tarde de frio otoño que acariciaban, nuevamente la radio se hacía presente con los partidos de fútbol, Boca, River, San Lorenzo, partidos de rompe y raja como decía mi papá; Cuando todo esto terminaba llegaba lo mejor, el club del barrio pasaba música a pesar de mi corta edad escuchaba las letras de los tangos, quería aprenderlos, el primero que aprendí fue uno que decía:
“Tomá estas monedas, no pago con ellas las horas de amor”.
¡Qué letras! ¡Qué poemas!, cuanto dolor, rencor, resentimiento expresado en esos versos, algo en mí se movilizaba, con el tiempo supe que la orquesta era de Juan D’arienzo y letra de Carlos Bahr y lo cantaba Alberto Echague ¡Incomparable!.
El destino quiso que me casara con un tanguero, nos pasábamos horas adivinando letras, orquestas, autores.
Y así fue pasando la vida, cuando fuimos grandes, la radio ya no estaba, ni los partidos, pero sí en la sobremesa dominguera con los primos cantábamos tango, cada uno tenía su caballito de batalla, el mío siempre fue “De mi barrio”, uno de mis primos nos acompañaba con la guitarra, ¡Qué tiempos! ¿Será cierto que todo tiempo pasado fué mejor? No sé, solo sé que ese sentimiento quedó grabado en mí para toda la vida.
Tango, gotán ¡Identidad de un país!
Nilda Torrico (Nyl)
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