Salí de la casa con la idea de ir al banco, tenía que pagar impuestos. Me abrigué con mi campera azul y la chalina rosa. Afuera, una de las primeras mañanas de otoño fría, gris y ventosa. Las hojas de los árboles cubrían las veredas, destellos de colores ocres, amarillos y rojos, las cubrían con un manto multicolor. Todo pintaba como para que cuando saliera del banco pasara por un bar y me tomara un café bien caliente.
Cuando
llegué me llamó la atención que casi no había gente, y dije para mí: ¡mejor
imposible! Me acerqué a la caja, hice un movimiento para que el señor que
estaba allí, de espalda a mí se diera vuelta, y así fue. Cuando lo hizo me di
cuenta que el joven (porque se veía joven) era ciego.
– Sí,
como no- respondió. Miré sus manos tan finas y cuidadas al acariciar la boleta.
-Hermosas
manos- pensé en voz alta
-
¿Cómo dijo? – preguntó.
– No,
nada- contesté. ¡Qué oído!
- Por
su voz creo que usted debe de ser una mujer muy joven- dijo él.
Casi
muero al escuchar eso, me sonrojé
–
bueno, no se ponga colorada tan solo fue un piropo-.
No
podía creer qué buen mozo.
-hay
poca gente hoy- dije, como para decir algo.
– Sí,
a esta altura del mes es así, termina mi horario, cierro la caja y salgo.
– ¡Qué
bien!- contesté, selló mi boleta, cobró y cuando me la dio me rozó las manos;
me estremecí, una sensación extraña recorrió mi cuerpo.
– la
invito a tomar un café en el bar de la esquina ¿le parece? Charlamos un rato y
nos conocemos- me dijo
Qué
descarado éste tipo, pensé, pero no estaría mal si acepto no hago nada de malo,
yo tenía el mismo plan.
–Bueno,
vamos- dije.
–
¿Cuál es tu nombre?-me preguntó.
–
Rocío- respondí
– ¿y
el tuyo? – Carlos, lindo nombre rocío-.
-¿qué
haces esta noche Rocío? Mañana es sábado, si queres vamos a bailar o escuchar
música-.
No
lo podía creer, éste hombre avanzaba con todo y lo más raro es que yo acepté.
–Bueno
pasó por vos a las nueve-.
– Me
parece bien Carlos-..
Ni
un minuto antes ni un minuto después el timbre sonó. Bajé las escaleras casi
corriendo llegué a pensar que estaba loca. Cuando abrí la puerta cuán grande
fue mi sorpresa. Ante mí estaba parado el hombre más hermoso que pasó por mi
vida.
-
¡hola! Ya estás lista?
– sí
contesté.
Un
coche deportivo esperaba en la puerta, me tomó de la mano con mucha naturalidad
y el chofer nos abrió la puerta. Realmente no entendía nada. Nos dirigimos
hacia el sur de la ciudad. Creo que este recorrido era muy normal o habitual en
él.
El
lugar era hermoso, gente muy distinguida con copas en las manos unos bailaban
otros charlaban amenamente. Nos sentamos en un lugar muy cálido con mullidos
sillones de cuero. Pidió unas copas.
-
¿bailamos?
- sí-
respondí. Puso su mano sobre mi cintura y muy amarrada a él me llevó hasta la
pista.
Sus
labios rozaban mi cuello, su aliento tibio me estremecía, sus manos recorrían
mi espalda como acariciándola.
– tu
piel es tan suave y tu perfume me fascina- dijo.
Me
sedujo hoy aun cuando no me había dado vuelta, quedé atrapada en él.
En
la ardiente oscuridad de ese cuarto solo el roce de los cuerpos se percibe,
estallando el placer en las paredes, inundando el entorno de gemidos que
sonaban cual música celestial en mis oídos. Sus besos, sus caricias, sus manos
exploraban mágicamente mis zonas ocultas. Deseo la suavidad de esos dedos que
recorren mi cuerpo. Quiero tenerlo para siempre, soy feliz porque estábamos
juntos, su boca susurraba palabras tan bellas que hacían que mi mente cabalgara
sobre caballos alados resaltaba las mil maravillas de cuentos soñados.
- mis
ojos serán tus ojos y mi luz iluminará tu vida, viviré para ti, seremos uno y
estos momentos serán nuestros tesoros. No es importante que tus ojos no tengan
vida, caminaremos juntos recorriendo senderos, devorándonos en cada encuentro,
el fuego de la pasión será el que nos haga ver el sudor de nuestros cuerpos, la
lava del volcán nos bañara en cada encuentro y estallaremos de placer en cada
lugar-.
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