domingo, 18 de enero de 2026

Sublime Oscuridad

    Salí de la casa con la idea de ir al banco, tenía que pagar impuestos. Me abrigué con mi campera azul y la chalina rosa. Afuera, una de las primeras mañanas de otoño fría, gris y ventosa. Las hojas de los árboles cubrían las veredas, destellos de colores ocres, amarillos y rojos, las cubrían con un manto multicolor. Todo pintaba como para que cuando saliera del banco pasara por un bar y me tomara un café bien caliente.

Cuando llegué me llamó la atención que casi no había gente, y dije para mí: ¡mejor imposible! Me acerqué a la caja, hice un movimiento para que el señor que estaba allí, de espalda a mí se diera vuelta, y así fue. Cuando lo hizo me di cuenta que el joven (porque se veía joven) era ciego.

 –Perdón dije- quisiera pagar este impuesto ¿usted puede?

– Sí, como no- respondió. Miré sus manos tan finas y cuidadas al acariciar la boleta.

-Hermosas manos- pensé en voz alta

- ¿Cómo dijo? – preguntó.

– No, nada- contesté. ¡Qué oído!

- Por su voz creo que usted debe de ser una mujer muy joven- dijo él.

Casi muero al escuchar eso, me sonrojé

– bueno, no se ponga colorada tan solo fue un piropo-.

No podía creer qué buen mozo.

-hay poca gente hoy- dije, como para decir algo.

– Sí, a esta altura del mes es así, termina mi horario, cierro la caja y salgo.

– ¡Qué bien!- contesté, selló mi boleta, cobró y cuando me la dio me rozó las manos; me estremecí, una sensación extraña recorrió mi cuerpo.

– la invito a tomar un café en el bar de la esquina ¿le parece? Charlamos un rato y nos conocemos- me dijo

Qué descarado éste tipo, pensé, pero no estaría mal si acepto no hago nada de malo, yo tenía el mismo plan.

–Bueno, vamos- dije.

– ¿Cuál es tu nombre?-me preguntó.

– Rocío- respondí

– ¿y el tuyo? – Carlos, lindo nombre rocío-.

     La mañana pasó casi sin darnos cuenta, charlamos de todo le conté mi vida de pe a pa. Él igual. Lo que más me gustó fue cuando dijo que si bien su problema era importante nunca lo anuló, siempre lucho para salir adelante, fue un accidente muy grave.

     Pasado el mediodía nos despedimos

-¿qué haces esta noche Rocío? Mañana es sábado, si queres vamos a bailar o escuchar música-.

No lo podía creer, éste hombre avanzaba con todo y lo más raro es que yo acepté.

–Bueno pasó por vos a las nueve-.

– Me parece bien Carlos-..

Ni un minuto antes ni un minuto después el timbre sonó. Bajé las escaleras casi corriendo llegué a pensar que estaba loca. Cuando abrí la puerta cuán grande fue mi sorpresa. Ante mí estaba parado el hombre más hermoso que pasó por mi vida.

     Pantalones oscuros sumamente ajustados que realzaban su naturaleza, polera color manteca, campera deportiva color uva y un ramo de rosas en las manos. Me quedé sin palabras.

- ¡hola! Ya estás lista?

– sí contesté.

Un coche deportivo esperaba en la puerta, me tomó de la mano con mucha naturalidad y el chofer nos abrió la puerta. Realmente no entendía nada. Nos dirigimos hacia el sur de la ciudad. Creo que este recorrido era muy normal o habitual en él.

El lugar era hermoso, gente muy distinguida con copas en las manos unos bailaban otros charlaban amenamente. Nos sentamos en un lugar muy cálido con mullidos sillones de cuero. Pidió unas copas.

- ¿bailamos?

- sí- respondí. Puso su mano sobre mi cintura y muy amarrada a él me llevó hasta la pista.

Sus labios rozaban mi cuello, su aliento tibio me estremecía, sus manos recorrían mi espalda como acariciándola.

– tu piel es tan suave y tu perfume me fascina- dijo.

Me sedujo hoy aun cuando no me había dado vuelta, quedé atrapada en él.

En la ardiente oscuridad de ese cuarto solo el roce de los cuerpos se percibe, estallando el placer en las paredes, inundando el entorno de gemidos que sonaban cual música celestial en mis oídos. Sus besos, sus caricias, sus manos exploraban mágicamente mis zonas ocultas. Deseo la suavidad de esos dedos que recorren mi cuerpo. Quiero tenerlo para siempre, soy feliz porque estábamos juntos, su boca susurraba palabras tan bellas que hacían que mi mente cabalgara sobre caballos alados resaltaba las mil maravillas de cuentos soñados.

 Y dije:

- mis ojos serán tus ojos y mi luz iluminará tu vida, viviré para ti, seremos uno y estos momentos serán nuestros tesoros. No es importante que tus ojos no tengan vida, caminaremos juntos recorriendo senderos, devorándonos en cada encuentro, el fuego de la pasión será el que nos haga ver el sudor de nuestros cuerpos, la lava del volcán nos bañara en cada encuentro y estallaremos de placer en cada lugar-.

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