Me faltarían
adjetivos para calificar la belleza de este lugar, sentada en el parque,
saboreando un mate, miro las hojas secas, bailando al compás del viento, se
arremolinan y elevan en su danza frenética, mostrando éste su poder para
hacerlo, llevándolas lejos cual pájaro en su vuelo, como si quisieran alcanzar
el cielo.
Éste
lugar es el eje, el vértice de los cuatro vientos. Un lugar en el mundo y en
nuestros sentimientos.
Sigo
mirando el camino, queriendo que por él regreses.
No
quiero que el dolor se interponga en éste momento, es un recuerdo bello, sé muy
bien que nadie es feliz por siempre, pero hoy y aquí, quiero serlo.
Te
veo venir al final del camino, con los brazos abiertos, llenando tus pulmones
de aire, disfrutando el momento, como si en cada aspiración detuvieran el
tiempo.
Fuiste
feliz en este lugar, lo decían tus ojos, tu risa o cuando cantabas la canción
que tanto nos unía.
Hoy
me siento feliz y en este remolino de hojas y de vientos, te recuerdo mi amor
como si te estuviera viendo.
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