Estoy en la cocina, preparando unos mates, puse pan en
el horno para hacerme unas tostadas. Tomé los lentes y mi cuaderno de tapas
azules, los llevé hasta la mesa donde todos los días desayuno. Me senté
cómodamente esperando que el olorcito a pan me avise que ya
están listas.
Cierro
los ojos y comienzo a ver cómo pasan por mi mente recuerdos de otros tiempos,
lugares y momentos. Desfiles de rostros y hechos que ya no recordaba. ¿Qué es
realmente lo que estoy buscando dentro de mí? las tostadas están listas, las
retiro ya vuelvo a sentarme, “recuerdos”, “recuerdos” ¿cuál es el que estoy
buscando? la tostada cruje en mi boca, el aroma del pan quemadito y el dulce de
la mermelada me trasporta a la niñez. Mi mamá las preparaba para cuando
llegáramos de la escuela, untaditas con manteca y dulce de leche. Mi mente es
un torbellino de sabores y olorcitos. El patio de la casa, la taza de café con
leche, ¡¡el patio de mi casa!! ahí está. Ese es el recuerdo, el patio de mi
casa, esa casa donde todos crecimos, donde todos pudimos estar juntos ¡¡ que
bellos recuerdos!! .
Veo la
extensa galería cubierta por la añeja parra de troncos gruesos que se
entrelazaban formando un sinfín de brazos que querían llegar al cielo. Las
glicinas con sus flores en ramilletes, celestes y rosas envolvían el lugar con
su perfume. Un poco más atrás se encontraban las madreselvas. Al fondo estaba
la quinta donde podíamos encontrar toda clase de verduras y frutas:
naranjas, mandarinas, quinotos , limones, hasta una planta de lima ; mezcla de
limón y naranja; las ciruelas eran rojas y blancas , dulces y sabrosas. Pero lo
que nunca olvidé fue el árbol de jazmines que se encontraba al llegar al patio.
Esa planta tenía más de treinta años. Sus flores eran tan grandes que parecían
una magnolia. Nunca volví a ver jazmines así J.
La galería tenía piso de ladrillos rojos que mi mamá baldeaba todas las
mañanas. Bajando unos escalones el piso era de tierra. Cuando tomábamos la
leche se acercaban las gallinas a comer las miguitas que les tirábamos.
Recuerdo a una que la llamábamos Clota, la gallina colorada, preciosa, siempre
rodeada de pollitos. Yo tiraba migas mojadas en leche y le decía: - una
para clota, otra para mí -. ¿¡Cómo puede ser que no recordaba esas cosas tan
lindas?! Quizá porque era muy pequeña, en esa casa solo vivimos diez años.
Al fondo de todo había un cañaveral, las cañas eran para los tomates. Cuando
las cortaban quedaban espacios abiertos. Con mis hermanos los convertíamos e
casitas. Pasábamos horas jugando allí. ¡¡ Qué tiempos tan bellos!!
Ya nada es igual. Algunos partieron a un viaje sin retorno, otros no sé. ¿qué
será de ellos, no nos buscamos no hay tiempo para eso ¿no tenemos?, o ¿no
queremos? Egoísmo, orgullo, rencor, odios. Son palabras tan crueles que amargan
la boca, el ardor del estómago llega a la garganta quemando el alma. – bueno,
en fin -. Yo buscaba algo en mi mente para recordar, quizá la escusa para esto
fue el patio de mi casa y unas ricas tostadas…
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